Cuando tropiezas y la cabeza de pronto se encuentra enterrada en el lodo, es imposible ver durante unos instantes. Primero tomamos consciencia de haber caído, tratamos de colocarnos en una postura que nos ayude a retirar el lodo de los ojos, tal vez también de los oídos, y luego, a veces, llegamos a comprender cómo llegamos a caer allí.
Ese tiempo que pasa desde que caes hasta que quitas el lodo de tus ojos, puede durar segundos, minutos, pero puede dar la sensación de durar años. Son momentos tal vez de angustia, pero siempre, después de apartar el lodo, aparece la luz de fondo que te permite ver y seguir adelante tras levantarte.
Hay veces en la vida que no ves la luz, que crees que no vas a poder seguir adelante, entonces resurge en ti una fuerza vital, de supervivencia, de no sabes dónde, pero que ha estado siempre ahí, esperando a que la necesites para demostrarte cuán fuerte eres. Y ese rayo de luz que se enciende en tu corazón, es la fuerza de la Vida.
No lo dudes, también tú podrás verla.
Namasté

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